lunes, 12 de julio de 2010

Vandalismo Cobardia e Incultura







            Que la barbarie y el vandalismo son síntoma de incultura y falta de respeto y estos conceptos menguan significativamente tanto la capacidad personal como intelectual del ser humano a la vez que lo convierten en un ser vil y cobarde, no me cabe la menor duda.
Que Úbeda es Patrimonio de la Humanidad todos lo sabemos. Que las ciudades las hacen sus habitantes, también lo sabemos. Por tanto, resulta que si una ciudad tiene un título, de la misma manera lo reciben sus habitantes -aunque haya quien verdaderamente no se lo merezca- por muchas razones.
Pienso que este título del que todos los ubetenses deben sentirse orgullosos, no solamente se recibe por la conservación de su Patrimonio Histórico-Monumental aunque sea muy importante, también entran en juego o debieran entrar otras reglas como son el respeto a otros monumentos que sin ser históricos son representativos en la ciudad. El respeto a los personajes que han y están dando relevancia y categoría a la ciudad y en general y valga la redundancia, el respeto mutuo entre el resto de habitantes, que si no todos son personajes públicos, no dejan de ser a mi modo de ver, el eje fundamental de la ciudad al aportar con su trabajo diario y sus impuestos, el que la ciudad del mismo modo sea reconocida en todo el mundo; y lo que es más importante, el aporte de cordialidad y atención a quienes nos visitan.
La ciudad de Úbeda atesora y otorga todos estos conceptos señalados, pero a la vez algunos “vándalos” indignos de la denominación de ubetense si es que son de la ciudad e igualmente “vándalos” si son de fuera, que todos estos conceptos de lo que debe ser el respeto al patrimonio y sus habitantes así como la tolerancia para una buena convivencia, se ha convertido en un “a mí que me importa”, realizando acciones que adolecen de lo que son deberes fundamentales para cualquier ciudadano.
 Santiago Martín “El Viti” matador de toros, dio toda una lección al decir: “Mi abuelo y mi madre eran anti taurinos pero de ellos aprendí a respetar”. Magistral lección en breves palabras que debiera tomar como ejemplo quienes atentan contra cualquier monumento, en este caso el erigido en memoria del Matador de Toros de la ciudad Antonio Millán “Carnicerito de Úbeda”, con su antigua sede así como con la fachada del más que centenario coso taurino de esta emblemática ciudad.
Habitual de cualquier ciudad que se precie, es rendir homenaje a los ciudadanos que han sido importantes en la vida de la misma. La historia, que va marcando diariamente el ir y devenir de un pueblo y, que somos nosotros mismos quienes la vamos escribiendo, debería estar por encima de políticas e ideologías personales para avanzar en progresión para no quedar detenidos en el tiempo; cualquier ser humano racional -todos no lo somos- sabe que un monumento cualesquiera, inmortaliza parte de esa historia y como tal debe ser respetado.
Estos actos vandálicos por lo común son realizados por individuos detenidos en el tiempo y me atrevería a decir que sin proyectos de futuro, aprovechando seguramente las horas menos transitadas por la zona, llamando de esta manera la atención al no saber hacerlo de otra manera. Considerando la barbarie síntoma de incultura -para mí lo es- se podrían encasillar a estos bárbaros en esa parte de las nuevas generaciones que no conocen la historia, entre otras cosas porque no se la han enseñado, convirtiéndose en el prototipo racial de “producto humano” que muchos gobernantes mundiales han pretendido a lo largo de la historia para de esta forma dirigir a un pueblo a su libre albedrío, pues al ser culto y preparado, sin hacerse notar, resulta más difícil su dominación a diferencia de estos personajes que al fin y al cabo son dirigidos como si de borregos se tratara, con todos mis respetos hacia estos animales. 
Actos como el acaecido en Úbeda es la dinámica que está cogiendo este asunto de los toros por muchas ciudades españolas, aunque si he de ser sincero, dudo mucho se trate de un movimiento anti-taurino, pensando más bien pueda ser llevado a cabo por un simple acto de gamberrismo, eso sí; a consecuencia de la masiva y bien organizada propaganda anti-taurina.
            De todos modos, venga de donde venga, no debe resultar agradable para el paseante taurino y no taurino, discurrir por la zona y ver el maltrato a un monumento que simboliza a alguien que ha representado a su ciudad dejando un pabellón muy alto allá por donde ha ejercido una actividad que pese a quien pese, todavía sigue siendo legal en este país.
            Por esto, a pesar de manifestarme taurino con mucho orgullo, respeto a los antis, respeto sus gustos y sus decisiones, admiro incluso su lucha, una lucha sin cuartel y sin ropa que en la mayoría de ocasiones da gusto presenciar, les admiro, de verdad. Pero del mismo modo considero que esa lucha, legal y con todo el derecho del mundo a manifestarse en contra de la Fiesta, unas veces por ideología, otras llevados por la moda, deberían hacerla además de sin ropa que está muy bien la idea, sin pintadas, sin insultos; el insulto cuando es utilizado en cualquier tipo de debate, sin lugar a dudas evidencia la falta de argumentos de quien lo utiliza.
Por otro lado y mientras el Ayuntamiento de la ciudad con toda seguridad toma las medidas oportunas para la eliminación y limpieza de estos ímprobos episodios, los aficionados al toro o los simples viandantes tendremos que soportar los insultos, algunos realmente duros, que se vierten en este tipo de actos vandálicos que además, ensucian. Muestra de ello son como he mencionado anteriormente, la antigua sede de la Peña Taurina “Carnicerito de Úbeda” o el propio coso de San Nicasio declarado Monumento Histórico, donde sus fachadas están literalmente infectadas de proclamas en contra de los toreros. A los que además de tildar de “asesinos” o “fachas”, amenazan con “matarlos”, síntoma inequívoco de posicionarse a la altura de un vulgar terrorista.

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