martes, 20 de noviembre de 2012

Jerónimo Martínez. Un buen aficionado baezano

Baeza, ciudad taurina donde las haya, tiene entrañables personajes taurinos que por su trayectoria y buen hacer en la vida no pueden quedar en el olvido, este es el caso del singular y conocido Jerónimo Martínez Moreno.

Como suele decir el refrán “de bien nacidos es ser agradecidos” y a “Jeromo” para los amigos no hay que dejar de agradecerle su andadura como empresario, ganadero y apoderado. Hoy con sus 76 años  a las espaldas, nos abre las puertas de su casa con su habitual sonrisa.

Nos recibe en un coqueto y acogedor despacho donde hablamos de su faceta como apoderado. Podemos anotar a los Matadores de Toros José Fuentes y Paco Delgado, pero me llama la atención y observo que por su casa, además de las cabezas disecadas de algunos toros notables de su ganadería así como otros trofeos conseguidos; destacan las numerosas fotos de Enrique Ponce.

Para Enrique Ponce todo son elogios y buenos recuerdos, se aprecia en su semblante la emotividad con que de esta figura del toreo nos habla y le sugiero que nos cuente algo de su torero, ya que fue el primero que lo lanzó después de traerlo por primera vez desde Valencia a torear unas becerradas en Santisteban del Puerto y Sabiote el novillero y hoy apoderado y empresario Luís Fernández “Jocho”.

Por su niño Enrique como él le llama cariñosamente tiene una predilección especial, el debut vestido de luces lo hizo en Baeza en su etapa de empresario, él mismo le regaló su primer traje de luces, Blanco y Oro, color que simboliza “la pureza”, concepto el cual ya por entonces denotó en su toreo. Nos cuenta la anécdota de que no habiéndolo recibido el día anterior al festejo, mandó a un taxista a recogerlo en casa de Justo Algaba en Madrid, llegando este a las dos de la madrugada del día del mismo.

Nos comenta entre otras cosas que ya le había hablado de él su propio hijo al verlo actuar en la parte seria de un espectáculo cómico en Linares, pero al ser casi final de temporada se quedaron aparcados pero no olvidados, los elogios que de aquel niño le habían hecho.

Posteriormente coincidiendo con la Feria de Sabiote, plaza de la que era empresario, le pidieron, hiciera lo posible por traer a un niño que el año anterior habían visto torear. Hizo las gestiones pertinentes y a partir de ahí se produjo su lanzamiento y los hoy más que consabidos triunfos de Enrique Ponce desde su comienzo. Lo que más le llamó la atención de este torero -prosigue- fue la inteligencia innata que poseía con solo trece años; tenía una mente privilegiada para esto de los toros.

Nos comenta algunas anécdotas que a pesar de la diferencia de edad entre ambos -13 y 50 años- le dejó asombrado más de una vez. En una novillada sin caballos pero de las fuertes en Logroño (los novillos pesaron unos 220 Kg. a la canal), toreando con Manolo Campuzano un mano a mano, cortó las dos orejas y el rabo a uno de ellos, fue tal el éxito alcanzado que el propio equipo médico de la plaza atónito con lo que estaba presenciando le quiso obsequiar proponiéndole matar el sobrero del festejo, consultando éste al torero de la proposición recibida, le respondió que habiendo un añojo como sobrero no podía ofrecerse a matar algo más pequeño y dejar las dos orejas y el rabo conseguidas en Logroño, pero que si tenían un cinqueño en los corrales que “palante”, el amigo Jeromo todo perplejo tuvo que comunicarles la decisión tomada al referido equipo médico.

En otra ocasión se dirigían del hotel a su domicilio  acompañado de otros amigos y de frente venía Juan Pedro Galán acompañado de su cuadrilla camino del hotel, toreaban juntos esa tarde, al pararse como es normal a saludarse, se quedó sorprendido y preocupado al advertir la ausencia de Enrique no pudiendo presentárselo al otro torero; tras despedirse y continuar caminando observa que vuelve a aparecer en el grupo y tras preguntarle donde se había metido y porqué; este le respondió que en un portal, porque delante de quien había salido por la Puerta del Príncipe en Sevilla y posteriormente por la de Las Ventas en Madrid, pensaba que al verle se reiría de él dada su baja estatura, que lo saludaría por la tarde en la plaza y por si acaso era su intención reírse que lo hiciera en el ruedo, por cierto que a pesar de la fuerza como novillero que llegó a alcanzar Juan Pedro Galán, Enrique le dio esa tarde una lección magistral, claro que eso hoy ya no le extraña a nadie.

Con el amigo Jeromo podríamos pasar horas y horas hablando de toros, su experiencia y vivencias dentro de este mundo son inagotables, no le cansamos más, al despedirnos nos brinda su casa para acudir cuando queramos, detalle que nos honra y agradecemos, ya que otro día hablaremos de su importantísima faceta como empresario y ganadero.

Desde estos medios quiero reconocer la atención y deferencia que ha tenido al recibirnos, además de aprender de toros con él. Jerónimo Martínez nos ha dado al igual que su querido torero una “magistral” lección de humildad, hombría y buen hacer en la vida.
Desde aquí este modesto y merecido homenaje.


 Jerónimo Martínez en su época de apoderado

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1 comentario:

  1. Jeromo, uno de los más grandes que jamás ha andado por este maravilloso mundo...

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