No sé si lo habrán comprobado, pero hay dos formas de llorar, una de ellas es la que todo el mundo conoce por lo general y es cuando al emocionarnos, la lágrima aflora por el cauce normal que es el lagrimal del propio ojo. Después hay otra que seguramente la han percibido menos personas y es cuando la lágrima sale al exterior por lo que conocemos “el rabillo” del ojo. Creo que esta debe ser la manera de manifestarse los sentimientos cuando son especiales ya que en este momento me está ocurriendo, encontrándome escribiendo este post con un fondo musical de flamenco del más puro. Ese “rasgar” de guitarra, ese golpe del martillo en el yunque y que se conoce como “cantes de fragua o martinetes” -que por cierto tiene nombre de un pase torero- y unos fandangos de Huelva son mis únicos acompañantes. O tal vez ocurra que esté simplemente “loco”.
No sería la primera vez que en treinta y ocho años más o menos que llevo intentando “ser torero” -se supone y valga la redundancia, que esto es una suposición- alguna que otra vez y más aún a partir de cierta edad, me han dicho…… si estaba loco. Pues sí, seguramente estoy loco, pero bendita locura cuando se trata de esta afición que es el toreo.
¡Qué importante resulta la cita de un aficionado práctico cuando es invitado para acudir a un tentadero! Se dice y de hecho así es, que la juventud es una enfermedad mortal. La mía hace ya unos años que dejó de existir, pero a pesar de mis cerca de cincuenta y tres años, puedo asegurarles que para todo aquel que tiene la oportunidad de realizar el toreo práctico, además de poder expresarse en una disciplina que es privilegio de unos pocos, es todo un elixir de optimismo y dinamismo para la propia vida; pero ojo, no vaya alguien a confundirse porque por mucha afición que se tenga hay que tener presente algo fundamental, existe una línea, una finísima línea que separa la valentía de la estupidez y si no se tienen unos conocimientos básicos, afición de verdad y un profundo respeto a estos animales, jamás lograremos esas sensaciones inexplicables que se experimentan delante de la cara de una becerra, por muy pequeña que esta sea.
En esta ocasión quiero dar las gracias a D. Iñigo Garzón, porque como buen conocedor y experiencia tentando sus reses, cuando me pongo delante de una becerra gracias a sus explicaciones respecto a colocación y distancia, un aficionado práctico como yo, además de haber hecho posible corregir feas posturas, haya vuelto a “coger el sitio”, ese sitio que en mayor o menor medida se puede tener en la juventud, pero que llegada cierta edad y la imposibilidad de torear, hacen que se pierda totalmente. Por suerte, ahora nuevamente vuelvo a experimentar unas sensaciones que sin su ayuda no hubieran sido posibles. Gracias señor ganadero.
Por todo ello, estoy totalmente mentalizado para actuar en un Festival Benéfico que un buen torero de la provincia organizará al finalizar la temporada. De todo ello serán debidamente informados en su momento. Bendita locura esta del toreo aunque se haga como aficionado práctico.
EL PASO DEL TIEMPO…….. O DE NOSOTROS MEJOR DICHO
De capea en los años 70
Mi primer capote, de Alfonso Romero
En un festival a beneficio de Cruz Roja Española
Teruel 1976
Pasan los años. La barriga toma volumen
En casa de Francisco Sorando
Siempre con afición, pero el sitio ya perdido
La descomposición evidentemente es total
Me conformo con torear de salón a mi perrita bóxer
Queen, que también es aficionada
Volviendo a los principios en casa de D. Iñigo Garzón
Pasa el tiempo y vuelvo a casa de Francisco Sorando
Pienso que el cambio es evidente, dentro de lo que es ser aficionado y observando las primeras fotos, vuelvo a "coger el sitio". Gracias a todos los amigos que han hecho posible que vuelva a disfrutar de lo que verdaderamente me gusta y además pueda tener un álbum de más de 10.000 fotos junto a toreros, ganaderos, empresarios, periodistas, presidentes, buenos y reconocidos aficionados y un sin fín de personajes del mundo taurino, además de un buen número de fotos que si no se puede decir "toreando" estoy delante del animal que más amo haciendo lo que más me gusta, estar con un capote o muleta en la mano. Y lo más importante, poder compartir tanto con mi esposa y mis tres hijos esta bendita afición a los toros.
Como decía Karina en una de sus canciones: Hay que vivir siempre con ilusión. Volver la vista atrás es bueno a veces, mirar hacia delante es vivir sin temor.
Gracias a todos amigos.
Como decía Karina en una de sus canciones: Hay que vivir siempre con ilusión. Volver la vista atrás es bueno a veces, mirar hacia delante es vivir sin temor.
Gracias a todos amigos.





























